El 27 de abril de 2001, la LXXVI Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española publicó una nota, titulada La píldora del día siguiente, nueva amenaza contra la vida, al conocer la decisión de la comercialización de una píldora microabortiva, conocida comunmente como “píldora del día siguiente” o “píldora del día después”. Una nota, sin duda, cargada de dolor y preocupación.

     Ocho años más tarde, asistimos con estupor a otra decisión: El Ministerio de Sanidad (¿de “sanidad”?) y Política Social ha autorizado la venta sin receta de esta píldora en las farmacias. Cualquier persona de cualquier edad puede adquirirla por unos 20 euros. Eso sí, la Ministra manifiesta que no es un método anticonceptivo más, ni un “medicamento” abortivo, sino que sólo debe utilizarse esta píldora en casos de emergencia. No, si hasta tendremos que estarle agradecidos…

     He aquí algunas joyas más que nos deja la “responsable” de Sanidad de nuestro país: “En España hay un problema que hay que abordar con firmeza y es que este país registra elevadísimas tasas de interrupciones del embarazo entre jóvenes y adolescentes”. Según el Ministerio de Sanidad, en 2007, 112.138 mujeres abortaron; “más de 6.000 se dieron en chicas menores de 18 años”. La Ministra “no quiere que se convierta en un método anticonceptivo de uso habitual”. Un “comité de expertos y científicos” han asesorado sobre el tema y afirman que “no tiene efectos secundarios ni ningún tipo de contraindicación”. Sin embargo,“no se puede hacer un uso abusivo de la misma”. Y “al ser un medicamento que se puede vender libremente sin receta, no se entra a la regulación de edades”. Sobre la venta de este microabortivo dice que “no habrá ningún tipo de problema con el colectivo de farmacéuticos”. Porque “una vez que el Gobierno autorice la expedición existe una obligación de tenerla”. Como colofón, o mejor, como guindilla del pastel, expresa que “no existe aquí una cuestión relacionada con la objeción de conciencia”.

     ¡Qué fatiga de país! Si al final llevará razón ese lema que dice: Spain is different (España es diferente)… Muy triste todo esto. He aquí lo que dijo la Conferencia Episcopal en 2001.

 

El pasado día 23 de marzo la Agencia del Medicamento, del Ministerio de Sanidad, aprobó la comercialización de la llamada “píldora del día siguiente” en las farmacias españolas.
 

1. Se trata de un fármaco que no sirve para curar ninguna enfermedad, sino para acabar con la vida incipiente de un ser humano. Su empleo es un método abortivo en la intención y en el efecto posible. En la intención, porque con su utilización en las 24 ó 72 horas siguientes a las relaciones sexuales, se pretende que, si ha habido fecundación, el óvulo fecundado no llegue a anidar en el útero y muera, siendo expulsado del cuerpo de la madre. Lo que objetivamente se persigue es, pues, un aborto precoz, aunque tal aborto sólo se produzca efectivamente en el caso de que las relaciones sexuales hubieran sido fecundas.

2. El embarazo comienza con la fecundación, no con la anidación. El óvulo fecundado ya es un ser humano, distinto de la madre, que empieza a vivir su propia vida en las fases previas a su anidación en el útero materno. Es verdad que su viabilidad es entonces más baja que en las etapas posteriores de su existencia y muchos embriones incipientes se malogran de modo natural. Pero esto no autoriza a nadie a eliminarlos consciente y voluntariamente. Todos hemos pasado por esa situación de debilidad vital y agradecemos que nadie haya puesto fin en aquellos momentos al curso natural de nuestra vida, impidiéndonos llegar a ver la luz. Eso habría sido un crimen. La vida humana ha de ser respetada y protegida siempre; con mayor esmero, si cabe, cuando más débil es y más a merced está del cuidado ajeno.

3. La “píldora del día siguiente” es un fármaco a base de hormonas, que no es inocuo para la mujer. Su concentración hormonal es muy superior a la de los anticonceptivos. No trata de preparar a la mujer para evitar la concepción, sino de impedir el desarrollo de una posible concepción ya realizada. No es un anticonceptivo. Por eso, es necesaria una gran cantidad de hormonas administrada de golpe, en una o dos veces. De ahí que se puedan producir trastornos y problemas de salud en la mujer que lo utiliza, pues se trata de una especie de agresión hormonal a su organismo. Este posible daño se añade, como causa de inmoralidad, al aborto intentado o realizado, aunque, como es obvio, lo verdaderamente grave sea el atentado deliberado a la vida humana.

4. Permitiendo la venta de la “píldora del día siguiente”, la autoridad pública abdica de nuevo de su gravísima  responsabilidad de tutelar siempre la vida humana. Es incluso posible que con esta autorización el Gobierno entre en contradicción legal con la actual legislación despenalizadora del aborto, la cual, aun siendo moralmente rechazable, exige al menos, como requisito de la exención de pena para las acciones abortivas, la constatación previa de que se da alguno de los tres supuestos marcados por la ley. La Administración pone ahora en manos de los usuarios de la “píldora del día siguiente” un instrumento que permite la realización del aborto sin control alguno de los supuestos legales de despenalización.

5. Los médicos y los farmacéuticos amantes de la vida humana y coherentes con la conciencia ética no deberían prestarse a facilitar en modo alguno este instrumento de muerte que es la “píldora del día siguiente”. Las autoridades tienen la obligación de proveer a que no se les impida el ejercicio de la objeción de conciencia en esta materia tan grave.

6. Exhortamos a todos, una vez más, a respetar y cuidar la vida humana. Nadie con conciencia recta querrá contribuir a la confusión entre el bien el mal, un signo tan triste de la llamada cultura de la muerte, que induce a matar haciendo creer erradamente que así se sirve a la vida. El problema de los embarazos no deseados y no deseables, por ser fruto de relaciones sexuales irresponsables, en particular entre los más jóvenes, no se puede tratar de resolver recurriendo, con mayor irresponsabilidad aún, al expediente criminal del aborto. Intentar enmascarar la realidad por motivos políticos, comerciales o de cualquier otra clase, acaba perjudicando a las personas y al bien común.

7. Pedimos a los agentes de la pastoral de la Iglesia y a los educadores, en especial a los padres y madres de familia, que ayuden a los adolescentes y a los jóvenes a comprender y vivir con verdad su propia sexualidad y las relaciones entre los sexos; muéstrenles cómo la castidad, lejos de recortar las posibilidades de la existencia humana, permite integrar en la libertad los instintos y las emociones capacitando para un amor auténtico. La libertad que la virtud posibilita es la que hace felices a las personas, pues respeta y ama la vida de todos.