Nuestro país acogerá dos grandes acontecimientos eclesiales que pueden ser considerados como dos buenos revulsivos para la fe: la Peregrinación Europea de Jóvenes a la tumba del apóstol Santiago el Mayor (2010) y la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid (2011). En referencia a esto, los obispos de las diócesis gallegas dirigieron una carta a los jóvenes el pasado 16 de junio. ¡Aprovechemos esta bendición de Dios!

A continuación, un extracto.

En momentos muy especiales se generan expectativas y despiertan esperanzas; así sucede en primer lugar con el Año Santo. No sólo por los actos festivos que lo rodean, sino por el acontecimiento extraordinario que el Apóstol vivió y que cambió su destino: el encuentro con Jesucristo, que lo conmovió profundamente y lo hizo capaz de ir en su Nombre hasta el confín de la tierra. Santiago es alguien que trae hasta nosotros esperanzas nuevas y grandes perdones.

Y realmente lo que necesitan nuestros corazones es una novedad. No sólo porque a veces estemos viviendo en circunstancias que nos parecen muy negativas, sino porque lo que el mundo nos ofrece, por agradable o interesante que sea, no se corresponde nunca del todo con nuestros deseos y aspiraciones. Nada parece suficiente para definirnos, para explicar lo que cada uno es en lo íntimo; nada es capaz de evitar que al final de cada vivencia quede un  cierto sentimiento de insatisfacción, la espera de algo más.

Esta buena noticia, que resuena de modo especial en quienes peregrinan este año, es una invitación a un camino de vida, que es además factible y real. Y aunque es un camino personal, que se abre a cada uno, es al mismo tiempo un camino en compañía y, en el fondo, una amistad. Jesucristo nos aporta la verdad y la alegría invitándonos a una relación profunda, hecha de amor y entrega, la suya en primer lugar.

Nuestra fe es creíble porque tiene la fuerza de la amistad de los que caminan unidos, sin exclusiones ni fronteras, guiados por el verdadero Maestro. Por eso, el camino de Santiago tiene en su meta una presencia y un abrazo de amigo, que el peregrino da al Apóstol.

En el año 2011, la Jornada Mundial de la Juventud nos dará la oportunidad de encontrarnos en Madrid con el Papa Benedicto XVI, principio y fundamento visible de la unidad de toda la Iglesia; y de descubrir una comunidad inmensa de jóvenes, que supera toda frontera, unidos en libertad y verdad, con el deseo de arraigarse y de construir sobre roca, no sobre mil arenas, siguiendo con fe al Señor Jesús. Será una ocasión única para ver con los propios ojos la presencia del Pueblo joven del Señor en medio del mundo, como gran esperanza para la propia vida.

Queremos pediros que toméis estas grandes ocasiones, el Año Santo y la Jornada Mundial, como un don especial del Amor divino a vosotros los jóvenes. Es el Amor que dio el ser a todas las cosas, el Amor que sostiene y explica la naturaleza y al hombre. Este Amor de Dios, que hemos conocido gracias a Jesucristo, de quien es testigo el apóstol Santiago, fortalecerá vuestras vidas y os hará protagonistas del futuro de nuestra Iglesia y de nuestro mundo.