A la luz de la Caritas in veritate, encíclica sobre Doctrina Social de la Iglesia escrita por el papa Benedicto XVI el 29 de junio del año pasado (ayer hizo un año de su publicación), el Arzobispo de Toledo y Primado de España Mons. Braulio Rodríguez habló en su escrito dominical (25 de julio de 2009) del verdadero desarrollo integral del hombre. El único camino válido para alcanzarlo es la caridad, tan necesaria en este contexto de crisis, no sólo económica, sino también de pensamiento… de lo más esencial del ser humano.

Nuestras sociedades modernas han creído, quizá hasta la llegada de la crisis económica actual, que bastaba progresar únicamente desde el punto de vista económico y tecnológico para solucionar los problemas humanos. Benedicto XVI, en su esperada encíclica «La Caridad en la Verdad» [Caritas in veritate], piensa que el desarrollo humano integral, del que habló Pablo VI en su famosa «Populorum progressio» (1967) debe orientarse por la caridad, que cuenta con la guía de la razón y de la fe. Sólo él, entre los líderes mundiales, insiste «en defender la verdad, proponerla con convicción y dar testimonio en la vida». Desde este horizonte habla el Papa de economía, ecología, cultura de la paz, familia y antropología, temas que se entrecruzan en su tercera encíclica.

Recuerden que, ya en el inicio de su pontificado, el Santo Padre subrayaba que el ser humano no es fruto de la casualidad; ha nacido del amor de Dios, que le ha puesto en la existencia para que viva la amistad con sus hermanos, de modo que, con su razón y libertad, iluminadas y sostenidas por la relación con Él, construya una ciudad, esto es, una sociedad, un orden justo y bueno que proteja la dignidad de cada persona. ¿Sirve este horizonte para afrontar la actual situación de la humanidad con sus problemas y angustias por la pérdida de puestos de trabajo y las turbulencias económicas y financieras? Pienso que es una pregunta que es mejor responderla una vez leída esta Carta de Benedicto XVI, porque los prejuicios no nos ayudarían a este empeño.

La Carta subraya que la Iglesia «no tiene soluciones técnicas que ofrecer y no pretende de ninguna manera mezclarse en la política», pero tiene una misión que realizar: anunciar a Cristo como «primero y principal factor de desarrollo» (n. 8, citando a  «Populorum progres-sio» 16). Sorprendente, ¿verdad? No sé qué pensarán los grandes economistas, pero el Papa viene a decir que la fe en Cristo nos pone en las mejores condiciones para afrontar todos los problemas de tipo económico, financiero, social y político que la encíclica trata. Tal vez porque se olvida con frecuencia en estos campos el factor humano, que es decisivo.

Benedicto XVI proclama la necesidad de una nueva síntesis humanista, de un nuevo pensamiento que supere los corsés ideológicos, y se abra al misterio insondable del hombre que siempre aspira al infinito. Yo creo que ha de tenerse en cuenta por nuestros dirigentes políticos, sociales, económicos y sindicales esta perspectiva, pues vivimos una crisis de pensamiento; más aún, una crisis de la experiencia elemental de lo humano. Hay que reconstruir desde esta experiencia, partiendo de la realidad preciosa y amenazada de las familias, una experiencia de la vida y una eficaz libertad religiosa.

Y es que necesitamos fraguar en el ámbito público un nuevo protagonismo social de los hombres y mujeres concretos, a los que deben servir los instrumentos de la técnica y la política; nunca al contrario, como, por desgracia, sucede tan a menudo. ¿Será aceptado este punto de vista? No lo sé, pero sí digo que los políticos y personas con una presencia pública relevante que se dicen cristianos no deberían perder de vista esta encíclica. No porque dé soluciones técnicas o políticas, sino porque habla a personas concretas de perspectivas no mostradas habitualmente para afrontar problemas religiosos, sí, pero también sociales y financieros, políticos y de desarrollo humano desde un punto de vista muy llamativo

+ Braulio, Arzobispo de Toledo
Primado de España