Familia



El pasado 8 de enero, el Santo Padre Benedicto XVI administró el bautismo a 16 niños que fueron presentados por sus padres y padrinos. En el marco de la fiesta del Bautismo del Señor, quiso el Papa resaltar la importancia del sacramento que da inicio a la vida cristiana y de la responsabilidad de los padres y padrinos en la educación cristiana de sus hijos. Esta celebración tuvo lugar en la Capilla Sixtina.

Somos testigos de la banalización del bautismo, al igual que otros sacramentos, incluso por parte de los “creyentes”. Poco parecido hay entre nuestra práctica actual y la de los primeros cristianos. Éstos entraban en un proceso de descubrimiento de la fe, asumían el evangelio del Señor como norma de vida, abandonaban aquellas profesiones  incompatibles con la vida de fe, eran examinados sobre la idoneidad de formar parte de la comunidad… y sólo si eran aptos, recibían el bautismo. Porque ser cristiano, era un asunto muy serio.

A continuación, algunas ideas pronunciadas por el Papa en la misa de la fiesta del Bautismo del Señor. Ideas que tienen que ver con la oración y los sacramentos.

Habéis pensado en el bautismo incluso antes de que vuestro niño o vuestra niña fuera dado a luz. Vuestra responsabilidad de padres cristianos os hizo pensar enseguida en el sacramento que marca la entrada en la vida divina, en la comunidad de la Iglesia. Podemos decir que esta ha sido vuestra primera elección educativa como testigos de la fe respecto a vuestros hijos: ¡la elección es fundamental!

La misión de los padres, ayudados por el padrino y la madrina, es educar al hijo o la hija. Educar es comprometedor; a veces es arduo para nuestras capacidades humanas, siempre limitadas. Pero educar se convierte en una maravillosa misión si se la realiza en colaboración con Dios, que es el primer y verdadero educador de cada ser humano.

Es muy importante para vosotros, padres, y también para los padrinos y las madrinas, creer fuertemente en la presencia y en la acción del Espíritu Santo, invocarlo y acogerlo en vosotros, mediante la oración y los sacramentos. De hecho, es él quien ilumina la mente, caldea el corazón del educador para que sepa transmitir el conocimiento y el amor de Jesús. La oración es la primera condición para educar, porque orando nos ponemos en disposición de dejar a Dios la iniciativa, de confiarle los hijos, a los que conoce antes y mejor que nosotros, y sabe perfectamente cuál es su verdadero bien. Y, al mismo tiempo, cuando oramos nos ponemos a la escucha de las inspiraciones de Dios para hacer bien nuestra parte, que en cualquier caso nos corresponde y debemos realizar. Los sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Penitencia, nos permiten realizar la acción educativa en unión con Cristo, en comunión con él y renovados continuamente por su perdón. La oración y los sacramentos nos obtienen aquella luz de verdad gracias a la cual podemos ser al mismo tiempo suaves y fuertes, usar dulzura y firmeza, callar y hablar en el momento adecuado, reprender y corregir de modo justo.

En este enlace puedes leer la homilía completa.

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29 de junio de 1999, solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo. Desde el Vaticano, el beato Papa Juan Pablo II lanzó un mensaje a los jóvenes del mundo con ocasión de la XV Jornada Mundial de la Juventud. El lema, sacado de Jn 1, 14 –La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros–, fue una declaración de intenciones: el Jubileo que se celebraría en el año 2000 en Roma tendría por centro a Jesucristo.

Haciendo partícipe a todos los jóvenes, el Papa quiso compartir un hermoso mensaje que comienza con estas palabras tan actuales:

Hace quince años, al terminar el Año Santo de la Redención, os entregué una gran Cruz de leño invitándoos a llevarla por el mundo, como signo del amor del Señor Jesús por la humanidad y como anuncio que sólo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención. Desde entonces, sostenida por brazos y corazones generosos, está haciendo una larga e ininterrumpida peregrinación a través de los continentes, mostrando que la Cruz camina con los jóvenes y que los jóvenes caminan con la Cruz.

Alrededor de la “Cruz del Año Santo” han nacido y han crecido las Jornadas Mundiales de la Juventud, significativos “altos en el camino” en vuestro itinerario de jóvenes cristianos, invitación continua y urgente a fundar la vida sobre la roca que es Cristo. ¿Cómo no bendecir al Señor por los numerosos frutos suscitados en las personas y en toda la Iglesia a partir de las Jornadas Mundiales de la Juventud, que en esta última parte del siglo han marcado el recorrido de los jóvenes creyentes hacia el nuevo milenio?

Once años después, Madrid acogerá la XXVI Jornada Mundial de la Juventud. Seremos testigos de la continuidad de la fe y de la cercanía de Dios. Para Él nada hay imposible y con su ayuda otro mundo es posible: si nos fiamos de Él. El Dios de nuestros padres se hace joven y accesible en Jesucristo y en aquellos que llevamos su mensaje. ¡Con Cristo, ser santo es posible! ¿Te apuntas?

Queridos jóvenes, frente a estos grandes misterios aprended a tener una actitud contemplativa. Permaneced admirando extasiados al recién nacido que María ha dado a luz, envuelto en pañales y acostado en un pesebre: es Dios mismo entre nosotros. Mirad a Jesús de Nazaret, por algunos acogido y por otros vilipendiado, despreciado y rechazado: es el Salvador de todos. Adorad a Cristo, nuestro Redentor, que nos rescata y libera del pecado y de la muerte: es el Dios vivo,fuente de la Vida.

¡Contemplad y reflexionad! Dios nos ha creado para compartir su misma vida; nos llama a ser sus hijos, miembros vivos del Cuerpo místico de Cristo, templos luminosos del Espíritu del Amor. Nos llama a ser “suyos”: quiere que todos seamos santos. Queridos jóvenes, ¡tened la santa ambición de ser santos, como Él es santo!

Me preguntaréis: ¿pero hoy es posible ser santos? Si sólo se contase con las fuerzas humanas, tal empresa sería sin duda imposible. De hecho conocéis bien vuestros éxitos y vuestros fracasos; sabéis qué cargas pesan sobre el hombre, cuántos peligros lo amenazan y qué consecuencias tienen sus pecados. Tal vez se puede tener la tentación del abandono y llegar a pensar que no es posible cambiar nada ni en el mundo ni en sí mismos.

Aunque el camino es duro, todo lo podemos en Aquel que es nuestro Redentor. No os dirijáis a otro si no a Jesús. No busquéis en otro sitio lo que sólo Él puede daros, porque «no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos» (Hc 4,12). Con Cristo la santidad –proyecto divino para cada bautizado– es posible. Contad con él, creed en la fuerza invencible del Evangelio y poned la fe como fundamento de vuestra esperanza. Jesús camina con vosotros, os renueva el corazón y os infunde valor con la fuerza de su Espíritu.

Jóvenes de todos los continentes, ¡no tengáis miedo de ser los santos del nuevo milenio! Sed contemplativos y amantes de la oración, coherentes con vuestra fe y generosos en el servicio a los hermanos, miembros activos de la Iglesia y constructores de paz. Para realizar este comprometido proyecto de vida, permaneced a la escucha de la Palabra, sacad fuerza de los sacramentos, sobre todo de la Eucaristía y de la Penitencia. El Señor os quiere apóstoles intrépidos de su Evangelio y constructores de la nueva humanidad. Pero ¿cómo podréis afirmar que creéis en Dios hecho hombre si no os pronunciáis contra todo lo que degrada la persona humana y la familia? Si creéis que Cristo ha revelado el amor del Padre hacia toda criatura, no podéis eludir el esfuerzo para contribuir a la construcción de un nuevo mundo, fundado sobre la fuerza del amor y del perdón, sobre la lucha contra la injusticia y toda miseria física, moral, espiritual, sobre la orientación de la política, de la economía, de la cultura y de la tecnología al servicio del hombre y de su desarrollo integral.

Lee aquí el mensaje completo.


El papa Benedicto XVI estuvo visitando Croacia estos días y quiso tener un encuentro especial con los jóvenes. A ellos lanzó un mensaje valiente y firme, con palabras cercanas y cargadas de contenido. ¡Qué hermoso aprovechar los años de la juventud para buscar con sinceridad el sentido de la existencia! Para descubrir que detrás de todo está Dios, que sale a nuestro encuentro y nos lleva de la mano siempre.

Queridos amigos, vuestra juventud es un tiempo que el Señor os da para poder descubrir el significado de la existencia. Es el tiempo de los grandes horizontes, de los sentimientos vividos con intensidad, y también de los miedos ante las opciones comprometidas y duraderas, de las dificultades en el estudio y en el trabajo, de los interrogantes sobre el misterio del dolor y del sufrimiento. Más aún, este tiempo estupendo de vuestra vida comporta un anhelo profundo, que no anula todo lo demás, sino que lo eleva para darle plenitud. En el Evangelio de Juan, dirigiéndose a sus primeros discípulos, Jesús pregunta: “¿Qué buscáis?” (Jn 1, 38). Queridos jóvenes, estas palabras, esta pregunta interpela a lo largo del tiempo y del espacio a todo hombre y mujer que se abre a la vida y busca el camino justo… Y, esto es lo sorprendente, la voz de Cristo repite también a vosotros: “¿Qué buscáis?”. Jesús os habla hoy: mediante el Evangelio y el Espíritu Santo, Él se hace contemporáneo vuestro. Es Él quien os busca, aun antes de que vosotros lo busquéis. Respetando plenamente vuestra libertad, se acerca a cada uno de vosotros y se presenta como la respuesta auténtica y decisiva a ese anhelo que anida en vuestro ser, al deseo de una vida que vale la pena ser vivida. Dejad que os tome de la mano. Dejad que entre cada vez más como amigo y compañero de camino. Ofrecedle vuestra confianza, nunca os desilusionará. Jesús os hace conocer de cerca el amor de Dios Padre, os hace comprender que vuestra felicidad se logra en la amistad con Él, en la comunión con Él, porque hemos sido creados y salvados por amor, y sólo en el amor, que quiere y busca el bien del otro, experimentamos verdaderamente el significado de la vida y estamos contentos de vivirla, incluso en las fatigas, en las pruebas, en las desilusiones, incluso caminando contra corriente.

Queridos jóvenes, arraigados en Cristo, podréis vivir en plenitud lo que sois. Como sabéis, he planteado sobre este tema mi mensaje para la próxima Jornada Mundial de la Juventud, que nos reunirá en agosto en Madrid, y hacia la cual nos encaminamos. He partido de una incisiva expresión de san Pablo: «Arraigados y edificados en Cristo, firmes en la fe» (Col 2, 7). Creciendo en la amistad con el Señor, a través de su Palabra, de la Eucaristía y de la pertenencia a la Iglesia, con la ayuda de vuestros sacerdotes, podréis testimoniar a todos la alegría de haber encontrado a Aquél que siempre os acompaña y os llama a vivir en la confianza y en la esperanza. El Señor Jesús no es un maestro que embauca a sus discípulos: nos dice claramente que el camino con Él requiere esfuerzo y sacrificio personal, pero que vale la pena. Queridos jóvenes amigos, no os dejéis desorientar por las promesas atractivas de éxito fácil, de estilos de vida que privilegian la apariencia en detrimento de la interioridad. No cedáis a la tentación de poner la confianza absoluta en el tener, en las cosas materiales, renunciando a descubrir la verdad que va más allá, como una estrella en lo alto del cielo, donde Cristo quiere llevaros. Dejaos guiar a las alturas de Dios.

Lee el discurso completo aquí.


D. Carlos Osoro Sierra es el Arzobispo Metropolitano de Valencia, desde que el papa Benedicto XVI lo nombrara para dicha sede el 8 de enero de 2009. Semanalmente, como pastor, dirige una carta a sus diocesanos cuyo contenido siempre eclesial suele estar en sintonía con los acontecimientos que van surgiendo en nuestra sociedad.

El domingo 28 de marzo de 2010 publicó una titulada “¿Con la vida o con la muerte?” que sin duda hoy adquiere una actualidad evidente ante la aberrante nueva Ley del aborto llamada eufemísticamente “La Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo”. El Tribunal Constitucional no ha querido suspenderla cautelarmente, por lo que todas las muertes de niños permitidas “legalmente” y consentidas por esta sociedad adormediza no tendrán posibilidad de ser recuperadas. Paradógicamente, este mismo Tribunal dijo en su sentencia de 1985 que la vida del nasciturus -el que va a nacer- es un bien jurídico que el Estado tiene la obligación de proteger.

Algunos datos sobre la nueva Ley:

– Las chicas mayores de 16 años podrán abortar hasta la semana 14 de gestación -3 meses y medio- sin necesidad de dar explicaciones.

– Podrán abortar hasta la semana 22 -5 meses y medio- en caso de riesgo para la salud física o psíquica de la madre. A este último supuesto se acogieron en España sólo en 2008 el 96% de ellas, y también por enfermedad grave o malformaciones del feto.

– Si se encuentra en el feto o bebé alguna anomalía o enfermedad extremadamente grave e incurable no habría límite de tiempo para actuar bajo opinión previa de un comité clínico.

– Abortar ya no es un delito despenalizado en algunos supuestos.  Ahora es un derecho.

– Desde 1985 se ha permitido el aborto a 1.300.000 mujeres en España.

Ante esta situación, Mons. Carlos Osoro nos dice en su carta:

No es cosa sólo de cristianos la defensa de la vida. Sin lugar a dudas, todo hombre que esté abierto sinceramente a la verdad y al bien, con la luz de la razón llega a descubrir en la ley natural escrita en su corazón el valor de la vida humana desde su inicio hasta su término. ¡Qué manera más bella de ser creadores de la cultura de la vida, afirmando el derecho de cada ser humano a ver respetado totalmente este bien primario suyo! Creo que fácilmente os daréis cuenta de que en el reconocimiento de este derecho se fundamenta la convivencia humana y la misma comunidad política. Negado este derecho podemos hacer de cualquier persona algo utilizable a mi capricho, cuando me convenga y tomar decisiones sobre su vida a mi antojo y parecer.

En el siglo XXI sigue habiendo muchos atentados contra la vida. No podemos olvidar a las víctimas mortales del terrorismo, la violencia contra la mujer, las guerras, o las víctimas de los conductores desaprensivos. Una sociedad justa no puede permitir ni una sola muerte. Hoy quiero prestar una atención especial a los atentados que con respecto a la vida naciente y terminal se están dando en nuestra sociedad. Estos atentados presentan unas características absolutamente nuevas, pues tienden a perder en la conciencia colectiva el carácter de delito, de atentado antisocial, y asumirse como si fuera un derecho. Y así adquieren hasta un reconocimiento legal que golpea a la vida humana, cuando esta se vive en situaciones de más precariedad, ya que está privada de toda capacidad de defensa. ¿Cómo hemos podido llegar a esto? ¿Cómo hemos podido cambiar la cultura de la vida que es lo más natural, lo que quiere y desea todo hombre y entrar en la cultura de la muerte que es lo más antinatural? ¿Cómo hemos podido asumir actitudes, comportamientos, instituciones y hasta leyes que favorecen y provocan no la vida, sino la muerte? Se está instaurando una cultura que no pertenece a nuestra identidad.

Por eso, no es secundario anunciar a Jesucristo, que es la Vida. Es fundamental este anuncio. Desde este anuncio claro, sin ambigüedades, estaremos haciendo el mejor servicio que se puede realizar al hombre y a la sociedad, que será siempre un servicio a la vida de todo ser humano. La vida es un bien. La vida que Dios ha ofrecido al hombre es un don con el que Dios comparte algo de sí mismo con la criatura. ¡Qué dinamismo engendra para todos nosotros pensar que la vida del hombre proviene de Dios! Todo hombre y mujer posee una dignidad superior a los bienes materiales. La vida y la muerte no están en las manos de otros hombres. Dios es el único Señor de la Vida. Ante los fúnebres dilemas actuales de autodestrucción, la fe en Dios no nos lleva a renegar de la existencia humana sino que se alía con la razón para defender la cultura de la vida en este hermoso mundo por el que vale la pena seguir luchando pacíficamente con amor a Dios y a todo ser humano. La sociedad del siglo XXI nos necesita. Ante la pregunta de la vida o la muerte, la respuesta que está en nuestras manos será siempre: sí a la Vida.

Lea la carta completa de Mons. Carlos Osoro aquí.


El 5 de julio de 2010 publicó la Conferencia Episcopal Española esta nota informativa ante la entrada en vigor de la nueva Ley del aborto. Más claro el agua: ¡INTOLERANCIA ANTE EL ABORTO!

Hoy entra en vigor la nueva Ley del  aborto. Es necesario recordar que se trata de una ley objetivamente incompatible con la recta conciencia moral -en particular, la católica- ya que, desde el punto de vista ético, empeora la legislación vigente por los siguientes motivos fundamentales. Primero, y sobre todo, porque considera la eliminación de la vida de los que van a nacer como un derecho de la gestante durante las primeras catorce semanas del embarazo, dejando prácticamente sin protección alguna esas  vidas humanas, justo en  el tiempo en el que se producen la gran mayo ría de los abortos. En segundo lugar, porque establece un concepto de salud tan ambiguo que equivale a la introducción de las llamadas indicaciones social y eugenésica como justificación legal del aborto. En tercer lugar, porque impone en el sistema educativo obligatorio la ideología abortista y “de género”.

Estos y otros motivos han sido explicados por la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal en su Declaración de 17 de junio de 2009, que la Asamblea Plenaria hizo expresamente suya en el comunicado final del 27 de noviembre de 2009. Los obispos concluyen la Declaración con las siguientes palabras: “Hablamos precisamente en favor de quienes tienen derecho a nacer y a ser acogidos por sus padres con amor; hablamos en favor de las madres, que tienen derecho a recibir el apoyo social y estatal necesario para evitar convertirse en víctimas del aborto; hablamos en favor de la libertad de los padres y de las escuelas que colaboran con ellos para dar a sus hijos una formación afectiva y sexual de acuerdo con unas convicciones morales que los preparen de verdad para ser padres y acoger el don de la vida; hablamos en favor de una sociedad que tiene derecho a contar con leyes justas que no confundan la injusticia con el derecho”.

Otros documentos de la CEE sobre el aborto:

– Declaración de la Comisión Permanente sobre el Anteproyecto de “Ley del aborto”: atentar contra la vida de los que van a nacer convertido en “derecho” (17/06/2009)

– Nota de prensa final de la XCIV Asamblea Plenaria (27/11/2009)


Mons. Antonio Dorado Soto, obispo emérito de la diócesis de Málaga, tenía costumbre de escribir una carta (La voz del Obispo) a todos los católicos diocesanos que salía publicada semanalmente en la revista DIÓCESIS. En el año 2005, con motivo del Proyecto de Ley de Educación aprobado por el Consejo de Ministros, el Sr. Obispo quiso transmitir su preocupación por este nuevo envite por parte del Estado al derecho de los padres como educadores de sus hijos.

El texto completo en la página 3  del número 419 de la revista DIÓCESIS.

El Proyecto de Ley de Educación, aprobado como tal en Consejo de Ministros el pasado mes de julio, constituye un desafío formidable al derecho de los padres a educar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones, a la libertad de elección de centro y a la posibilidad de impartir la Religión en la escuela. Está en juego no sólo la calidad de la enseñanza, la autoridad de los docentes y la formación integral de los alumnos, sino la libertad de los padres a elegir para sus hijos el tipo de educación que consideren mejor y el derecho de la sociedad a promover propuestas educativas acordes con sus ideas y sus convicciones.

Desde el punto de vista cristiano y religioso en general, está en peligro la posibilidad del derecho constitucional a recibir en la escuela la enseñanza de la Religión que los padres soliciten libremente para sus hijos. Si se lleva a la práctica este proyecto tal como está, el Estado quedaría como el único promotor legítimo de centros de enseñanza y el mentor ideológico exclusivo de lo que los niños deben o no deben conocer. En semejante estado de cosas, es necesario que las familias tomen cartas en este asunto y exijan sus derechos humanos y constitucionales.

Los católicos deben tener en cuenta, como enseña el Vaticano II, que “el afán por informar con espíritu cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en la que cada uno vive, es hasta tal punto un deber y una obligación propia de los seglares que nunca podrá ser realizada convenientemente por otros” (AA 13). Y también, que “la tarea de impartir la educación, que compete en primer lugar a la familia, necesita la ayuda de toda la sociedad” (GE 3).

Recordad que está en peligro el derecho a educar a vuestros hijos que os asiste a los padres y la libertad de elegir el tipo de educación que consideréis más acorde con vuestras convicciones.

El Proyecto de Ley de
Educación, aprobado
como tal en Consejo de
Ministros el pasado mes
de Julio, constituye un
desafío formidable al
derecho de los padres a
educar a sus hijos de
acuerdo con sus convicciones,
a la libertad de
elección de centro y a la posibilidad de
impartir la Religión en la escuela. Está en
juego no sólo la calidad de la enseñanza, la
autoridad de los docentes y la formación
integral de los alumnos, sino la libertad de
los padres a elegir para sus hijos el tipo de
educación que consideren mejory el derecho
de la sociedad a promover propuestas educativas
acordes con sus ideas y sus convicciones.
Desde el punto de vista cristiano y
religioso en general, está en peligro la posibilidad
del derecho constitucional a recibir
en la escuela la enseñanza de la Religión
que los padres soliciten libremente para sus
h i j o s .
Si se lleva a la práctica este proyecto tal
como está, el Estado quedaría como el único
promotor legítimo de centros de enseñanza
y el mentor ideológico exclusivo de lo que los
niños deben o no deben conocer.
En semejante estado de cosas, es necesario
que las familias tomen cartas en este asunto
y exijan sus derechos humanos y constitucionales.
Los católicos deben tener en
cuenta, como enseña el Vaticano II, que “el
afán por informar con espíritu cristiano el
pensamiento y las costumbres, las leyes y
las estructuras de la comunidad en la que
cada uno vive, es hasta tal punto un deber y
una obligación propia de los seglares que
nunca podrá ser realizada convenientemente
por otros” (AA 13). Y también, que “la
tarea de impartir la educación, que compete
en primer lugar a la familia, necesita la
ayuda de toda la sociedad”. (GE 3).
No me gusta ningún tipo de alarma social,
pero el Proyecto de Ley de Educación aprobado
por el Consejo de Ministros, la negativa
del gobierno a dialogar con los padres
católicos que han recogido y presentado tres
millones de firmas y la intransigencia de los
gobernantes ante la propuesta de la
Conferencia Episcopal Española para resolver
estas cuestiones mediante un diálogo en
el que participen los diversos grupos políticos
y sociales me parecen preocupantes en
grado sumo.
Como Obispo, no me corresponde apuntar
las iniciativas concretas que se deben
intentar en este momento tan delicado,
pero tengo el deber moral y el derecho de
llamar la atención de los padres para que
participéis, cada uno según vuestras posibilidades,
en el debate y para que emprendáis
las acciones que consideréis necesarias
y pertinentes, siempre dentro del respeto
a nuestra constitución. To d a v í a
tenéis alguna posibilidad de actuación,
pues falta el trámite parlamentario para
que este proyecto se convierta en Ley.
Recordad que está en peligro el derecho a
educar a vuestros hijos que os asiste a los
padres y la libertad de elegir el tipo de
educación que consideréis más acorde con
vuestras convicciones.
El comunicado de la Comisión Permanente
de la Conferencia Episcopal Española,
que figura en otra página este número de
DIOCESIS, constituye un buen servicio
para estar bien informados.

El día 13 de noviembre de 2008 finalizaba la 81 Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Mexicana. Participaron, además de los obispos, laicos inmersos pastoralmente en la vida ordinaria de México. El documento final consta de 20 puntos que recogen las principales ideas reflexionadas en la Asamblea.  Publico en esta entrada los números 15 al 18 sobre la misión del laicado y sus campos preferentes de acción.

Estamos convencidos de que los fieles laicos no sólo son miembros de la Iglesia a título pleno, sino que constituyen una verdadera expresión sacramental del servicio de la Iglesia al mundo. En ocasiones, el clericalismo se ha extendido tanto en laicos como en clérigos, dificultando que la identidad laical sea realmente reivindicada y proyectada en todos los ámbitos de la vida social. Por esa razón dijimos en la Carta Pastoral “Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos”: “Los fieles laicos cumplen su vocación cristiana principalmente en las tareas seculares. Su colaboración en el ámbito intraeclesial, si bien es relevante, no debe suprimir aquello que constituye su misión propia y específica dentro de la sociedad y de la Iglesia… es moralmente inaceptable que un laico traicione tácita o explícitamente los valores del evangelio en la vida social, y más si posee una responsabilidad pública de cualquier índole… Más aún, los fieles laicos han de ver en la participación política un camino arduo pero privilegiado para su propia santificación. La actividad política no es para los laicos el único modo de cumplir con su vocación. Sin embargo, sí es parte constitutiva e irrenunciable de sus responsabilidades ante Dios y ante la Nación” (270-273).

Del mismo modo, descubrimos con preocupación, que tanto fieles laicos como sacerdotes, consagrados y consagradas requerimos de una formación más sólida que permita vivir una fe madura y realmente capaz de ser criterio iluminador y transformador de las realidades terrenas, de acuerdo con Cristo. A través de esta formación será posible afirmar la verdad sobre el hombre revelada en Cristo, no sólo en el orden teórico, sino fundamentalmente como principio permanente, como criterio de juicio y como inspiración real para la acción de los laicos. De este modo, será posible responder a los diversos desafíos políticos, económicos, culturales y de los medios de comunicación que tenemos en nuestro actual contexto, con un sentido de trascendencia y confianza en la acción del Espíritu, superando la visión parcial que ofrece el mundo globalizado.

Los laicos con gran autonomía y libertad, movidos por la fe en Jesucristo que ha querido quedarse en la historia a través de la Iglesia, deben desarrollar con creatividad nuevos y más eficientes métodos y formas de presencia cristiana en el mundo. Tenemos el ejemplo histórico de laicos como Anacleto González Flores y compañeros mártires laicos, que fueron en momentos muy difíciles, testigos insignes de la vida de fe llevada hasta sus últimas consecuencias. De igual manera, se necesitan nuevas y más eficientes formas de acompañamiento evangelizador de los laicos que transforman el mundo.

Dentro de la amplia gama de actividades y compromisos que los fieles laicos pueden realizar con entera libertad, urge un renovado y valiente compromiso en los siguientes ámbitos: – la promoción y defensa valiente y eficaz del reconocimiento del derecho a la vida, desde la fecundación hasta la muerte natural; – la promoción y defensa de la dignidad y vocación de la mujer en la sociedad y en la Iglesia; – el fortalecimiento de la familia basada en el matrimonio instituido por el Creador; – la promoción de un modelo educativo que construya personalidades maduras tanto en el ámbito de la fe como en el campo del desarrollo humano integral; – el compromiso solidario con todos, en especial, con los más pobres y excluidos de nuestra sociedad; – la formación en Doctrina Social de la Iglesia de los diversos agentes que participan en las actividades productivas; – la reconstrucción positiva de las relaciones entre fe y razón, entre cristianismo y cultura; – la promoción y defensa de los derechos humanos fundamentales, entre los cuales, el derecho a la libertad religiosa ocupa un lugar prioritario; – la formación de una nueva ciudadanía, más responsable, más participativa y más capaz de comprometerse activamente con la gestión del bien común.

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